El cierre de call

Hacer propuestas no es lo que más me gusta, aunque estoy condenada a hacerlo, como parte de desarrollo de negocio. Hacer propuestas es lidiar con la ansiedad y con la inseguridad, temas que me suelen dar en toda la línea de flotación, habiendo momentos donde me quedo atrapada por el miedo, las dudas y la indecisión. Es la parálisis por análisis o el miedo al error. A mayor ansiedad, peor. A mayor sensibilidad de la tarea, peor.

Todo el mundo sabe que la última semana de propuestas es la peor. Da igual cuándo se empiece a diseñarla o el calendario que se haya planteado, todo se desmorona al llegar la recta final. Es otro ejemplo claro de entropía. A veces se consigue navegar por ella, otras simplemente es ir como pollo sin cabeza hasta el deadline de las cinco de la tarde. A mayor número de participantes peor, porque aumenta la gestión de los mismos. Odio los consorcios grandes.

En esta ocasión se junta además que el cierre se da a finales de agosto. Es una fecha habitual, pero muy mal puesta, dado que cae en pleno verano, cuando todo el mundo se va de vacaciones. Y da igual que se intente gestionar el tema, siempre hay socios que no contribuyen, socios que desaparecen, inputs que llegan tarde, gente más perdida que un gato en un garaje...ser coordinador es un gran reto.

Me habría inhibido gustosamente de esta call de no ser por las circunstancias. Hace unos meses era una oportunidad, pero ahora es un engorro. Se notan además los efectos del COVID: la gente está agotada mental y anímicamente. Yo también. No solamente por la epidemia, también por temas personales. No estoy demasiado centrada y me cuesta sacar las cosas adelante. Aun así he conseguido levantar 100K al coordinador de una de las propuestas, después de que nos redujera significativamente el presupuesto.

El día de hoy es terrible porque las propuestas no van bien. Me he conectado a la telco de control de una de ellas y el panorama es desolador: superamos el número de páginas permitido, nos pasamos en el presupuesto, y da la sensación de que falta cerrar la sección de impacto y la de ethical issues. La primera es tan crítica que no veo en qué forma podrán cubrirla de aquí al cierre. De hecho, tengo muchas dudas de que se vaya a presentar la propuesta. El sprint final va a ser de infarto. No, no envidio al coordinador para nada. A veces pienso que alguno está empeñado en batir el record de entrega de propuestas: ¿en qué tiempo antes del cierre se consigue? Hablamos de minutos, incluso de segundos. Es angustioso, es agónico. Muchas veces, en ese contexto de presión, se cometen errores tontos, sobre todo incoherencias, pero también algo más dramático, como cuando Christophe no dio al botón de enviar y su propuesta se quedó fuera de concurso. Luego toca cargar con el remordimiento y la culpa, aunque todos somos humanos.

Así que el día de hoy es una locura y estoy deseando que llegue el cierre para hacer lo propio con el portátil. Solamente espero que no me pidan una contribución importante, porque no me da la cabeza para más.

Sí, hoy cerramos, pero después de una call siempre llega otra. Esta vez será octubre, en un programa en el que no tengo experiencia. Y después será enero. Y así continuamente. A veces da la sensación de que nuestra vida pasa a través de las propuestas.




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