La constante yo


Despierto con un miedo cerval y el frío calado en los huesos. Necesito un abrazo, algo que me haga sentir amparada. Son esos momentos en los que la soledad pesa y se hace difícil de sobrellevar. Me doy un abrazo a lo Gollum y decido arraigarme en la tierra. Me lleva más tiempo de lo habitual porque cuesta disipar el miedo. Ha sido por el sueño de esta noche. No tenía una temática particularmente dura, pero me ha disparado algo internamente y por eso me siento así de mal. 

No sé por qué a estas alturas me siento tan desubicada, con la mierda de año que llevo.

La herida del abandono es difícil de curar porque se siente como una raíz arrancada, un vínculo roto por donde antes se nutrían mis emociones y mi seguridad. Llevo encadenando varias pérdidas seguidas, bastante dolorosas, y con cada ausencia siento que he perdido una parte de mí. Me siento varada, como perdida, sin saber muy bien qué hacer. A veces creo que estoy dando palos de ciego, como la paloma de Skinner, porque a ratos consigo serenidad interior, pero no parece que dure demasiado.

Lo peor es parar la mente. Entro en bucle y me cuesta cortar los pensamientos que se han quedado enganchados a un recuerdo o a una emoción. Debería tener más disciplina para poder dirigirlos donde yo quisiera, o por lo menos, deflectarlos a algún pensamiento alternativo que me permitiera descansar, pero no siempre lo consigo.

Sé que la respuesta está en el presente. Enumero: un portaminas, un cuaderno, tres móviles, una agenda, unos cascos, la estuilla de Sekhmet, el libro de Albert Ureña...Una inspiración, dos inspiraciones...el aire llenando mi abdomen, el aire cálido por las fosas nasales...

Todo cambia, absolutamente todo, pero hay cosas que tardan más en hacerlo. Son quasiconstantes. Esa característica les otorga un grado de certeza y seguridad que resultan atractivos en mi estado. Sé que la estatuilla de Sekhmet la voy a encontrar allí, inalterable, inamovible, durante mucho tiempo. Saber que eso va a permanecer me da un punto de refencia. Los objetos son más seguros que las personas. También lo es el sol, la tierra que piso, el cielo sobre mi cabeza...

Todo lo demás es futil, marcesible, perecedero...

Se me hace insoportable pensar que cada camino tiene una fecha de caducidad, porque me paso pensando en el cuándo. No soporto la volatidad de la realidad. No soporto los cambios repentinos y abruptos, que el amor no sea eterno, la incoherencia de la gente...No soporto que me hagan luz de gas y se erijan en inocentes...

Y luego pienso que lo único constante en mi vida soy yo. Yo, que también cambio y varío (incluso desvarío, como ahora), que soy lo único verdadero y puro en mi vida. Y a lo mejor, yo soy la seguridad que busco, el refugio que necesito, el abrazo que anhelo...pero no sé llegar a mí misma.

Comments

Popular posts from this blog

Escritora

Sol de otoño

Liebe