Dedicación y entrega

Hace un año exactamente me convertía en Hija de Iberia. Este año he participado en el rito iniciático de aquellos que se han dedicado. Se supone que eran ellos los que debían superar la prueba, pero yo he tenido la mía propia, y no ha sido nada fácil. De hecho, no sé si la he superado realmente, pero sé que el impacto de la misma ha sido profundo. Así que ahora me encuentro en la cama, intentando inútilmente dormir para recuperarme físicamente, mientras se agolpan en mi cabeza multitud de pensamientos no muy halagüeños que se aprovechan de mi debilidad para poder implantarse.

Cuando surgió el tema organizativo de esta dedicación, no tenía muy claro si participar. Me apunté más por Nuhmen que otra cosa, por poder compartir con mi hermano de Espiral la experiencia. Me daba igual el rol o la tarea, no quería tampoco algo principal. Sin embargo, los acontecimientos de las últimas semanas lo cambiaron todo. Si la dedicación se ha llevado a cabo es por la voluntad de un grupo de superar los obstáculos continuos que iban apareciendo en el camino. Fue como una gymkana de dificultades diarias que culminó con el anuncio de Jana de que no podía participar por enfermedad. Fue un jarro de agua fría y de repente en mis manos caía cierta responsabilidad: participar activamente en la formación y en la dedicación.

Acepté el reto y me entregué a él, dando todo lo mejor que pude y supe. Pero como siempre, doy tanto que me olvido de mí misma, y termino pagando las consecuencias de esa generosidad. A veces eso afecta físicamente, otras emocionalmente. Esta vez son ambas. 

Los dos días previos fueron de infarto, sobre todo asumiendo la noticia, y al tiempo intentando dar todo el apoyo a Ariadna, que fue quien más responsabilidad tuvo que asumir. De las cinco personas que quedábamos para organizar todo, solamente ella es una sacerdotisa de verdad. Todos los demás estamos en formación y muchos no tenemos recorrido suficiente. Compensamos eso, sin embargo, por nuestra experiencia en otros campos, en mi caso por el ámbito laboral: lo vi muy similar a preparar una review que no es tuya. Y en todo momento confíe en que las cosas iban a salir bien, no por un exceso de pericia o de arrogancia, sino de decir: yo ofrezco lo que tengo, no puedo hacer más, y eso es suficiente.

Así que me preparé la charla sobre las diosas de la tierra de un día para otro, y estuve indagando cómo representar el rol que me habían asignado. No hubo mucho tiempo para recrearse, y quizás fue mejor así. 

El madrugón del sábado para recoger a Nuhmen y Ariadna fue duro. Me recorrí Madrid de norte a sur para recogerlos y subir después a las montañas. Paramos en Navacerrada a tomar café y ahí encontramos el primer y gran escollo: la metereología. Tres grados centígrados en el puerto y amenaza de nieve, cuando la previsión del día anterior daba veintiuno y soleado. No mejoró demasiado al bajar a Los Asientos, donde se impartió la formación. Pasamos mucho frío durante todo el día, un frío que se nos metió en el cuerpo y nos dejó destemplados. Yo, además, estaba con la menstruación, que quiso adelantarse para acompañarme en el evento, justo como hace un año. Yo hago ofrendas de sangre.

Quedaba la noche. En ningún momento se planteó la posibilidad de cancelar la dedicación, y no sé por qué. Después de ir al hotel a dejar las cosas, tomar un café y encontrarnos con el resto del equipo ceremonial, fuimos a preparar el lugar de la iniciación, que nuestras hermanas B,ea y Arya, 

habían buscado mientras nosotros estábamos en la formación. Encontramos un guardia forestal y pasamos miedo de tener que suspender la dedicación. Nos metimos profundo en el bosque para estar a cubierto de miradas indiscretas, especialmente las de la Guardia Civil o el Seprona, aunque sabíamos que no estábamos haciendo nada ilegal, por rara que fuera nuestra ceremonia. Hemos hecho muchas bromas al respecto: "secta satánica muere de hipotermia en medio del bosque", pero no me habría gustado nada acabar en el calabozo vestida con mi traje medieval negro.

El rito no lo voy a contar porque no puedo, pero sí puedo decir que los cinco funcionamos como un equipo perfectamente acoplado. Para mí fue perfecto y no cambiaría nada de lo que hicimos. Me siento muy satisfecha del resultado y muy agradecida de haber podido contar con mis hermanos en esto. Aún así, fue muy exigente y duro. 

Lo peor, sin embargo, ha sido la recibir la reacción de los iniciados, que consideran que la dedicación ha sido un "sufrimiento innecesario y un exceso". Dicen que se han sentido abandonados y maltratados, y nos culpan a nosotros de esa situación. Yo me siento un poco culpable, pero al mismo tiempo no quiero aceptar esa culpa, porque yo hice lo que mi rol pedía, y la dedicación, en mi opinión, no ha sido más dura de lo que el resto vivimos. Todos en la tribu hemos pasado por esto, todos lo recordamos como algo realmente desafiante y duro, todos sentimos enfado, frustración o indignación en un momento puntual, pero ninguno (que yo sepa) usó argumentos de reproche ni de chantaje emocional. Yo escuché las quejas de los iniciados ayer y me parecieron las de unos niños pijos malcriados que no tenían ni puta idea de qué estaban haciendo ahí. Creo que la mayoría pensaban que estaban de excursión con la chupipandi en vez de en un rito sagrado que pide confianza y entrega. En mi opinión, no son dignos y, si por mí fuera, no pasaban al siguiente paso. Pero quizás aquí está hablando mi arrogancia y mi falta de empatía ante algo que considero debilidad.

Ése es mi caballo de batalla: no sé encontrar el punto medio entre empatía y crueldad. Sé que puedo cebarme, sé que guardo dentro un animal que no tiene límites y que puede hacer mucho daño, y sé que puedo disfrutar del mismo. Por eso está en mi sombra y por eso me doy miedo. Al mismo tiempo me da rabia que la gente me vea como una persona dura sin sentimientos, cuando también albergó una sensibilidad y una dulzura que nadie quiere encontrar. Y esto es lo que me tiene mal hoy. Me sabe mal que no se haya entendido el trabajo, que no se haya valorado el esfuerzo realizado, y que nadie se tome la molestia de saber cómo soy realmente. Supongo que hay que aceptar ciertas cosas en la vida, por dolorosas que sean. Este año va de eso.

Irónicamente, al renovar mis votos a Iberia, ella me dijo algo así como que yo conseguía lo que quería (porque era terca como una mula), y me sentó mal, porque no es así. Porque he querido y deseado ciertas cosas mucho y, por más que me he esforzado y lo he luchado, no lo he conseguido. Al menos, Ella sí ha valorado mi esfuerzo y se siente orgullosa de mí. Pero me canso de ser un pilar de apoyo.

Mi dedicación supuestamente será en octubre, pero no lo veo muy factible, a tenor de la situación con el covid. Casi que lo agradezco, porque me siento débil anímicamente y no sé si puedo encarar la prueba,y menos tras salir tan removida de la experiencia de la iniciación de la primera Espiral. Tengo mucho que digerir y procesar. Necesito vacaciones.


PS: los zorros bajaron a nuestras bolsas en busca de comida y desparramaron todo por el bosque. Me habría gustado verlos. 

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