La llama interna

Anet me soltó ayer la siguiente frase lapidaria: "has perdido la capacidad de disfrutar". Seguramente es algo que se venía cociendo desde hace tiempo, pero que se ha agravado con los acontecimientos de los pasados meses (agosto ha sido una mierda). Así, ella ha puesto nombre a una sensación que no había sido capaz de reconocer más que intuir, y que de repente ha puesto una imagen delante para reconocer y afrontar. La manera más cruda de describirla es como tener el ánimo de una señora de 80 años que solamente espera la muerte en vida, porque no hay nada en absoluto que la ponga en marcha, ya que ha perdido la capacidad de ilusionarse y de desear. Saber esto ha sido como una bofetada de realidad, esa realidad que suelo negar, porque me hace ver lo cerca que estoy de la depresión.

En mi familia materna hay un largo historial de depresión que galopa por el árbol genealógico desde mi bisabuela. Aunque no se ha demostrado una herencia biológica concluyente, se explica desde el transgeneracional a través de las memorias y patrones heredadas. Recuerdo bien la depresión de mi abuela y recuerdo la depresión de mi madre, y no es algo por lo que quisiera pasar. Pero la depresión es como una serpiente silenciosa que se va haciendo fuerte en la mente hasta que es demasiado tarde. Se puede salir de ella, ciertamente, pero no es fácil, y no sé hasta qué punto hay secuelas. Mi madre salió, pero ignoro el precio real de aquello.

No, yo no estoy depresiva pero creo que podría estar cerca. Anet habla de recuperar la llama interna, como si incluso desde los rescoldos pudiera avivarse, pero no tengo ni idea de qué hacer para que eso suceda. "Haz más de aquello que te gusta", diría la gente, pero ya no hay nada que me motive tanto como para dedicarle mi energía. Nada que me apasione. Pareciera que últimamente vivo más por obligación y compromiso que por disfrute, y mis ratos de ocio se disipan entre series, juegos de móvil y siestas.

Ahora veo a Nuhmen todo emocionado con los preparativos de la dedicación de la primera espiral, y siento envidia por no poder tener la misma carga de entusiasmo. Él intenta involucrarme de alguna manera, pero creo que no es consciente del lastre que arrastra tirando de mí. No quiero arruinarle la diversión, pero no sé si voy a poder igualar su energía (y su maldad), así que preferiría que me asignasen un rol menor, casi si pudiese pasar desapercibida. "La que trabaja desde la sombra". Soy una sombra, un fantasma. Bueno, quizás ni lleguemos a pasar por ello, si terminan confinando a los barrios del sur.

Hoy he intentado mantener la energía alta y lo he conseguido parcialmente. Tengo un peso tan grande sobre mí, que me resulta imposible andar más deprisa, volar más alto. Quizás sea cuestión de tiempo. En realidad, tengo todo el tiempo del mundo para no llegar a ningún sitio.

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