Las aves de decibelio
Despunta el alba y con ella el murmurar de los pájaros en el exterior de mi habitación. No sé cuántos serán, pero la construcción en fase de sus frecuencias de canto hace que parezcan cientos de ellos. Es como un despertador natural: hay alguien que no los escuche? Supongo que en mi caso es peor, porque tengo los chopos justo en frente de la ventana, donde deben tener los nidos o donde se reúnen para pasar la noche.
Escucho su gorgejo incesante, elaborando sonidos a distintas frecuencias que se mezclan las unas con las otras. No es nada armónico, pero tampoco es desagradable del todo.
Aún así me traen a la memoria a las "aves de decibelio", los pájaros de un libro que leí en la juventud. Aquel libro recordaba un poco a los trabajos de Hércules para un adolescente de un mundo extraño. Silenciar a las aves era uno de sus encargos, y puedo entender el porqué del mismo, aunque también me provocan cierto estado meditativo, como si mi conciencia pudiera perderse entre sus píos.Creo que podría mecerme entre sus notas, dejando evadir mi mente.
Así puedo seguir olvidándome del mundo.

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