Transformaciones

Una fantasía siempre es gozosa de realizar en la mente, pero en la tierra adquiere otros matices. Nunca es como uno se la imagina y siempre resulta en consecuencias que no habría esperado o anticipado. Las variables son muchas y la mayoría escapan a mi control. Digamos que la experiencia tiene vida propia y hasta cierta voluntad, y hace un poco lo que le viene en gana, me guste o no. Diría que su voluntad es incluso más poderosa que la mía, quizás porque está orquestada por otras fuerzas más elevadas. Es más, cuando se co-crea, entra en juego también la energía del otro, que se combina con la tuya y la impredecibilidad aumenta más si cabe.

En todo esto como que me siento un poco impotente. Es como si mi margen de elección, mi margen de acción, y capacidad de influir en el resultado final fueran exiguos. Para una persona tan adicta al control como yo, esto resulta difícil de aceptar. "Be water my friend", diría Bruce Lee, pero el problema es que me cuesta tanto confiar...y cada vez más. El problema es que quiera o no, tengo que jugar, porque la no elección y la no acción también producen resultados. Haga lo que haga estoy jodida. Y me da rabia de ser tan insignificante y valer tan poco.

Pero he jugado y ahora estoy pagando las consecuencias. Que quizás el problema está en la forma de mirar las cosas, siempre desde un punto negativo y hostil. Para mí la vida es hostil, todo el mundo es un enemigo en potencia, y salir fuera es salir a la guerra. Siempre en guardia, siempre en alerta, esperando un ataque. Y la armadura pesa un montón. Bueno, pesaba, porque se rompió, y ahora voy a pecho descubierto, lo cual no es prudente, pero como soy contrafóbica, a veces soy un poco kamikaze.

Físicamente genial, pero emocionalmente la experiencia me ha tocado emocionalmente. No sé de qué manera, me cuesta precisar, pero sí siento que me quiero replegar a la cueva interior, donde puedo estar al margen del mundo. Creo que el problema es que esperaba algo de cariño y me encontré algo un tanto frío, que me ha dejado helada. No estaba preparada para eso, pero a veces sobrestimo mis capacidades, sobre todo las emocionales, y el tema es que soy más sensible de lo que la gente cree y de lo que me gustaría. Un asco.

Lo que más me importa ahora es no perderme a mí misma, porque soy lo único que tengo. Y aunque la experiencia me haya transformado en parte, no quiero perder la esencia de lo que soy. En mi interior sigo siendo una niña inocente y curiosa. No creo que se pueda perder, pero no me quiero arriesgar, y la voy a intentar preservar lo mejor que pueda. 

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