Chicago



A estas horas yo debería estar en Chicago. Estaría visitando la Hancock tower y disfrutando de una pumpkin ale de temporada en algún sitio especializado a la espera de engorilarme con las decoraciones de Halloween. Pero es otra de las ilusiones destruidas por el covid este año. Hace tiempo que tuve que cancelar el vuelo ante la cancelación de la maratón y las malas perspectivas de la enfermedad en el país. Ni Chicago, ni Hamburgo, ni Wacken, ni Valencia...este año no es el año de los viajes.

Este año toca quedarse en Madrid, confinados por el ministerio de Sanidad ante la escalada del virus en la ciudad. Me desespera un poco la situación, aun cuando tenemos la posibilidad de libre circulación en una gran parte de la capital, lo cual me permite seguir yendo de paseo, ir al gimnasio, visitar a parte de mis amigas (no las del sur) o tomarme una cerveza en una terraza. Ni tan mal. Pero yo me muero por viajar, y por viajar lejos.

Soy una chica de larga distancia (no hago ascos a la corta tampoco). Pienso en todos los sitios que me gustaría visitar: Islandia, Tailandia, Japón, Iona, Islas Feroe, Sylt, Dinant, Aachen...quizás no los visite nunca. Es una posibilidad aterradora. Para mí viajar es importante. Me gusta buscar nuevos horizontes, nuevas postales que guardar en la memoria, espacios de libertad, de apertura de mente. Viajar es parte de mi esencia, de lo que yo soy. Me estimula y me nutre ¿Qué pasaría si jamás pudiera recorrer otros mundos? Quedarme atrapada en este lugar para siempre, anclada a lo de siempre. Sé que miles de personas jamás tendrán la oportunidad que yo he tenido hasta ahora y que he sido muy afortunada de poder haber visto mundo, pero me quejo de mi suerte igual.

Sigo pensando que 2020 se parece mucho a 2012: Nueva York, elecciones presidenciales, maratón cancelada... Y todo lo sucedido. Ya solo me queda romperme una muñeca. 8 años de ciclo? 


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