Vacío

Todo se acaba y comienza el vacío. Pero siempre antes llegan las lágrimas, que se derraman para sacar los últimos sentimientos que albergas en tu interior: es el cansancio de haber entregado tanto de ti, la rabia de haber llegado a ese extremo. Esos sentimientos deben salir antes de quedarse cristalizado en el interior y convertirte en una geoda de cuarzo. 

Y una vez llorados, entonces sí, llega la frialdad absoluta del vacío. La rendición total. Es como flotar en mar inmenso, sin rumbo, sin destino, solo entregando tu ser a la nada. Y esperas a que la conciencia se diluya y desaparezca. Nada tiene sentido, y al tiempo no podría ser de otra manera. Una vez que pierdes la identidad, puedes fundirte con el vacío. Es como regresar a casa. 

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