A cántaros

Los últimos días han sido un escaparate de impudicia y desfachatez increíble por parte de algunas personas. Probablemente no todas tengan una mala intención, pero evidencian sus propios problemas y carencias personales tan notablemente que da asco. No es normal que previamente a la muerte de una persona las redes sociales se llenen de fotografías de la misma mandándole ánimos para resistir. Es puro postureo, dado que la afectada no podía leer los mensajes. Y ni siquiera ella era la destinataria, tan solo el vehículo para llegar a otros y con otros fines. El intentar demostrar públicamente lo mucho que quieres a la enferma, lo mucho que te preocupas, lo mucho que te esfuerzas por ella solamente es para ganar adeptos en las redes para el futuro. No lo entiendo y no lo comparto.

Tampoco comprendo la manipulación que han hecho algunas personas de la información durante el proceso. De cara al grupo, la información se ha distribuido con cuentagotas, amparados en una supuesta protección de la enferma, pero se ha filtrado ampliamente hacia el exterior, de manera que esa información ha ido llegando por diferentes fuentes de la paganosfera. Y me parece indignante tener que enterarme por terceros y de esa manera. ¿Por qué? Por un ejercicio de poder. Solo para que se viera quién estaba más cerca de la persona, quién tenía acceso a ella y su círculo más personal. Posicionándose de cara al grupo, como si fueran más especiales. Al final hemos tenido un teléfono escacharrado y más de un malentendido que ha causado muchos perjuicios.

Y para rematar, la ceremonia del funeral. Una ceremonia que se había pensado desde el viernes, el día del fallecimiento, y que se comunicó oficialmente al grupo dos horas antes de la misma. Aunque la excusa era primeramente que la ceremonia se hacía para la familia, la realidad era que cada uno se estaba asegurando un puesto en la misma para figurar. Es como si hubiese diferentes clases y diferentes facciones en vez de una tribu, que es lo que se dice que es. Me queda claro que yo pertenezco a la purrela. Me molesta porque ellos no tienen la exclusividad del dolor, de la pena, ni de la relación con Jana. Y me asquea que estos comportamientos tan deleznables procedan de personas que están consagradas como sacerdotes y sacerdotisas. ¿Qué clase de catadura moral es ésa?

Me he enfadado mucho, tanto que me planteo mi continuidad en este grupo. No quiero perjudicarme tampoco, porque me gustaría terminar la formación, pero no tengo ningún problema en perder al grupo. Siempre he sido una bruja solitaria, no tendré ningún problema en volver a serlo. Y he perdido cosas mucho más importantes en mi vida recientemente que una mierda de personas que no cumplen con lo que se supone que deberían. Así que he decidido tener un perfil bajo y no involucrarme absolutamente en nada mientras se resuelve la situación, que está muy lejos de estar clara.

Se aproximan días oscuros para la tribu. Nada que no hubiéramos previsto hace tiempo. Pero no es lo mismo anticipar que encarar la tormenta cuando la tienes encima. Y está encima. Que llueva.


"Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian

que la siesta se acaba

Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro

limpiará nuestra casa.

Hay que doler de la vida hasta creer."

A Cántaros. Mi pequeño mundo.

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