La maestra ascendida

Como fondo de TEAMs me he puesto de fondo una imagen del espacio sideral que evita que al encender la cámara se pueda ver la habitación donde estoy. En realidad, da un poco igual, porque la cámara enfoca solamente a una puerta y entraña poco riesgo de mi privacidad. Pero el fondo es bonito y me hace imaginarme estar en otro lugar, como estar flotando en el éter.

"Soy como una maestra ascendida", le comenté a Alberto en una videollamada que hicimos para intentar tener algún momento social entre tanta tarea, obligación y deadline. Se lo digo porque sé que con él puedo hablar de estos temas sin miedo a la crítica, al juicio o a la burla. "Soy como una maestra ascendida: yo hablo y digo lo que hay que habría hacer, pero nadie me hace caso. Y así les va". Alberto se ríe, porque a veces tengo mi momento teatral en el que exagero las cosas. Creo que esta es una herencia de mi abuela materna y su padre, aunque creo que ellos eran más graciosos. 

Entonces voy más allá y le digo a Alberto, que esto es como ser Dios: yo hablo a la humanidad, les intento guiar, le intento mostrar el camino, pero el hombre, con su libre albedrío y su falta de escucha, hace lo que le parece y todo termina siendo un caos. "¿Has pensado lo frustrante que debe ser para Dios?", le pregunto a Alberto. "Nadie te hace caso y luego todos te culpan de ello". Alberto se ríe y yo sigo. "Luego el hombre se pregunta dónde está Dios cuando sucede algo desafortunado. ¿Dónde estaban ellos?". Dios habla y habla, y llega un momento que se harta y dice: "idos a la mierda, mataos si queréis". Y si acaso, envía alguna plaga para intensificar el momento.

Todo esto es broma, claro. No pretendo conocer la mente ni el propósito de Dios.

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