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Showing posts from August, 2020

La constante yo

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Despierto con un miedo cerval y el frío calado en los huesos. Necesito un abrazo, algo que me haga sentir amparada. Son esos momentos en los que la soledad pesa y se hace difícil de sobrellevar. Me doy un abrazo a lo Gollum y decido arraigarme en la tierra. Me lleva más tiempo de lo habitual porque cuesta disipar el miedo. Ha sido por el sueño de esta noche. No tenía una temática particularmente dura, pero me ha disparado algo internamente y por eso me siento así de mal.  No sé por qué a estas alturas me siento tan desubicada, con la mierda de año que llevo. La herida del abandono es difícil de curar porque se siente como una raíz arrancada, un vínculo roto por donde antes se nutrían mis emociones y mi seguridad. Llevo encadenando varias pérdidas seguidas, bastante dolorosas, y con cada ausencia siento que he perdido una parte de mí. Me siento varada, como perdida, sin saber muy bien qué hacer. A veces creo que estoy dando palos de ciego, como la paloma de Skinner, porque a ratos c...

La osa en la cueva

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No sabes lo cansada que estás hasta que paras. Entonces todo se viene encima como una avalancha, y ya no hay fuerzas para tratar de detenerla. Te rindes al cansancio, al dolor. Atiendes tus heridas, que son más profundas aún de lo que duelen. Estás vacía porque has dado tanto de ti que ya no queda nada por entregar.  Entonces tomas consciencia del cuerpo y de todo lo que lleva soportando. Te ha mantenido con vida, pero también te ha sostenido hasta límites insanos. Lo ha hecho por ti y para ti, para ayudarte a conseguir lo que querías (lo hayas logrado o no), por amor a ti. Éste es uno de los pocos grandes amores incondicionales de la vida: el del cuerpo al alma que la habita. Pero también él necesita recuperación, igual que tu mente y tu estado de ánimo. En el fondo todo está conectado. Es el momento de dejar la espada a un lado y retirarse a lo profundo de la cueva. Es el momento de dejar de hacer y simplemente ser. Existe ese mito de que la felicidad está en el hacer, en consegu...

El cierre de call

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Hacer propuestas no es lo que más me gusta, aunque estoy condenada a hacerlo, como parte de desarrollo de negocio. Hacer propuestas es lidiar con la ansiedad y con la inseguridad, temas que me suelen dar en toda la línea de flotación, habiendo momentos donde me quedo atrapada por el miedo, las dudas y la indecisión. Es la parálisis por análisis o el miedo al error. A mayor ansiedad, peor. A mayor sensibilidad de la tarea, peor. Todo el mundo sabe que la última semana de propuestas es la peor. Da igual cuándo se empiece a diseñarla o el calendario que se haya planteado, todo se desmorona al llegar la recta final. Es otro ejemplo claro de entropía. A veces se consigue navegar por ella, otras simplemente es ir como pollo sin cabeza hasta el deadline de las cinco de la tarde. A mayor número de participantes peor, porque aumenta la gestión de los mismos. Odio los consorcios grandes. En esta ocasión se junta además que el cierre se da a finales de agosto. Es una fecha habitual, pero muy mal ...

El espacio en el que soy

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A veces siento que pierdo el control de la vida. Muchas veces me siento arrastrada por una corriente en la que apenas puedo respirar. Soy zarandeada de un lado al otro por las circunstancias, por las necesidades de otros, por los compromisos sociales, laborales, familiares. Todo se vuelve caos, desconcierto, torbellino... Pero entre cada suceso siempre hay un espacio de calma, como los silencios en la música, como la apnea entre las respiraciones. El margen es pequeño y no siempre identificable, pero si me fijo con cuidado, puedo reconocerlo y acomodarme allí. Es en este vacío donde puedo reconocer lo que soy realmente, la esencia pura de mi alma. Allí es donde todo se serena, donde se toma distancia para cambiar la perspectiva, donde cambian las dinámicas de pensamiento y emoción. Allí donde todo es sosiego y calma, donde puedo recomponerme y recargarme antes de pasar a otra situación que me demande.  Es ahí donde soy. Es el espacio en el que soy.

La química del odio

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Picture by Skia on Devianart De repente, en un instante y sin esperarlo, aquello que amas se convierte en tu objeto de odio. No es una emoción nueva, pero no es usual, no estoy acostumbrada a sentirla. Esta vez el sentimiento parece diferente a veces anteriores, porque en el fondo se parece al amor. De hecho, si tuviera que describirla, diría que es una mezcla de amor, dolor y rabia. Amor porque sigues amando, dolor porque te han hecho un daño indescriptible, y rabia porque te han maltratado, han superado tus límites y además no tiene sentido en tu mente. Ese cóctel ha creado algo que he llamado "odio" a falta de una palabra mejor. Y es que las emociones tienen esa manía de confundirse y mutar, como si fueran de aire. El odio está catalogada como emoción negativa, si bien estoy en contra de esta caracterización, porque pienso que las emociones son neutras. Incómoda como es, dispara además una química en el cuerpo que no es beneficiosa. Curiosamente, así como la ira parece muy...

Lluvia de chocolate

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Una noticia insólita si no fuera por el año en el que estamos, en el que podría suceder de todo. Lluvia de chocolate en Suiza debido a un fallo de ventilación en la fábrica de la famosa marca Lindt. No es mal chocolate, pero entiendo que después del desconcierto y de la ilusión llega el pragmatismo: la suciedad y la limpieza. Porque manejar el chocolate es sucio, especialmente cuando empieza a derretir. La temperatura son 33ºC y podríamos pensar que en Suiza esa temperatura es inimaginable, pero lo cierto es que en Olten, ciudad donde está ubicada la fábrica, el pronóstico metereológico para hoy era de 30ºC, una temperatura que como poco reblandece el chocolate. Pero es bonito imaginar una lluvia de chocolate y trasladarte con tu imaginación a otro lugar, a la fábrica de Willy Wonka, por ejemplo, y jugar a comer los copos de chocolate, igual que hacemos con los copos de hielo. Siempre soñando.

El fenix en las cenizas

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Reducido a cenizas. Destruido, desolado. La oscuridad, el silencio, el vacío exterior. Los ojos cerrados y prietos, negándose a ver, dejándose ir. La rendición, la calma . ... Un latido. Otro. Y otro más. Una vida empieza. Una vida renace.